¿Qué hace un chiste?

Los mejores chistes de la historia

La semana pasada hablamos de nuestro amor por el azúcar y expliqué algunas de las razones por las que los humanos desarrollamos ciertos rasgos que parecen contrarios a nuestra supervivencia. Esta semana, he pensado en profundizar en las razones por las que desarrollamos algunos rasgos que no son tan contrarios a nuestra supervivencia, sino que pueden parecer innecesarios. En concreto, ¿por qué nos reímos?

Las personas de todas las culturas se ríen, aunque se rían de cosas diferentes. (Una vez hice una entrevista de trabajo en los Países Bajos y ninguno de mis chistes tuvo éxito. No conseguí ese trabajo).  Los simios también se ríen. Lo sabemos porque hay científicos cuyo trabajo consiste en hacer cosquillas a los animales. Ni siquiera estoy bromeando. ¡Qué vida!

Los humanos empezamos a reírnos a los tres meses de vida, incluso antes de poder hablar. Esto es cierto incluso para los bebés que son sordos o ciegos. Resulta que las cosquillas son especialmente atractivas para el público de todo el mundo. Y lo sabemos porque estudiar la risa de los bebés también es un trabajo real.

La risa cumple claramente una función social. Es una forma de señalar a otra persona que deseamos conectar con ella. De hecho, en un estudio sobre miles de ejemplos de risas, se descubrió que los interlocutores en una conversación tenían un 46% más de probabilidades de reírse que los oyentes.

Qué hace que un chiste sea divertido la psicología

Alex Borgella no trabaja, asesora, posee acciones ni recibe financiación de ninguna empresa u organización que pueda beneficiarse de este artículo, y no ha revelado ninguna afiliación relevante más allá de su nombramiento académico.

Como investigador que estudia algunos de los posibles efectos secundarios del humor, paso bastante tiempo verificando la gracia de los chistes, fotos y vídeos que presentamos a los participantes en nuestros estudios. Cuantificar la percepción del humor es fundamental para garantizar que nuestros resultados sean válidos y fiables. A menudo confiamos en las pruebas previas, es decir, en probar los chistes y otros posibles estímulos en diferentes muestras de personas, para hacernos una idea de si podrían funcionar en nuestros estudios.

Para hacer predicciones sobre cómo percibirán los sujetos de estudio nuestros materiales graciosos, también recurrimos a un creciente conjunto de teorías del humor que especulan sobre por qué y cuándo se consideran graciosas determinadas situaciones. Desde la antigua Grecia hasta hoy, muchos pensadores de todo el mundo han anhelado comprender qué nos hace reír. Ya sea que sus razones para estudiar el humor fueran estratégicas (como algunas de las ideas de Platón sobre el uso del humor para manipular las opiniones políticas de la gente) o simplemente inquisitivas, sus ideas han sido cruciales para el desarrollo de la investigación del humor en la actualidad.

Chistes

¿Qué hace que un chiste sea bueno? Esta pregunta dio forma inesperada a mi investigación. Hace diez años, decidí probar algo que siempre me había gustado: la comedia de pie. No llegué muy lejos en el mundo de la comedia, sobre todo en noches de micrófono abierto en clubes de comedia y un par de actuaciones pagadas en universidades, pero me dio la oportunidad de pasar el rato con comediantes en activo hablando de humor.

Entonces, descubrí una creciente literatura en la filosofía del humor y me di cuenta de que lo que los filósofos escribían sobre el humor era muy diferente de lo que decían los cómicos. Eso me llevó a pensar en el humor de forma diferente y me llevó a presentar varias ponencias en la conferencia anual de la Lighthearted Philosophers Society, y finalmente a mi último libro, Isn’t That Clever: A Philosophical Account of Humor and Comedy.

Los chistes, sostengo, son actos conspicuos de ingenio lúdico. El término más importante de la definición es “inteligente”, con lo que quiero decir que muestra una virtud cognitiva, una forma de pensar que sería bueno tener fuera del contexto artístico de un chiste. Podría ser la capacidad de observación de Jerry Seinfeld, la amplia gama de conocimientos de Dennis Miller, la imaginación de Steven Wright o la atención al detalle de Frank Caliendo. Es tomar una habilidad intelectual y mostrarla de forma que juegue con algo artístico. Un buen chiste es aquel que es legítimamente inteligente.

Diferentes tipos de chistes

¿Qué te parece el siguiente chiste de Sumeria de alrededor de 1900 a.C.? “Algo que nunca ha ocurrido desde tiempos inmemoriales; una mujer joven no se tiró un pedo en el regazo de su marido”. ¿O este clásico de Egipto, del año 1600 a.C.? “¿Cómo entretienes a un faraón aburrido? Navegas por el Nilo con un barco lleno de mujeres jóvenes vestidas sólo con redes de pescar e instas al faraón a que vaya a pescar”.

Si no, tal vez pruebe con este chiste más moderno de la Gran Bretaña del año 1000 d.C.: “¿Qué se cuelga del muslo de un hombre y quiere hurgar en el agujero que tantas veces ha hurgado antes? La respuesta: Una llave”. Lo más probable es que te des cuenta de que estos chistes pretendían ser graciosos, pero ¿te han hecho reír o sonreír? Ya sea el humor antiguo o el moderno, a todos nos hacen gracia cosas diferentes. ¿Se debe a nuestro cerebro o a la forma en que funciona el humor?

Una de las conclusiones constantes de los estudios científicos es que la risa es universal y anterior a los humanos, mientras que el humor parece aparecer junto a los humanos modernos: dondequiera que haya un registro de humanos modernos, se encuentran chistes.

Hay todo un libro de chistes romanos, El amante de la risa, que contiene chistes como éste: “Un abderita [pueblo de una región ahora dividida entre Grecia, Bulgaria y Turquía que los romanos consideraban estúpida] vio a un eunuco hablando con una mujer y le preguntó si era su esposa. Cuando le respondió que los eunucos no pueden tener esposas, el abderita le preguntó: “¿Entonces es tu hija?”.